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Mostrando las entradas etiquetadas como Amistad

All eyes on us

Le ves, a lo lejos, su cabeza sobresale por encima de la multitud. Inconscientemente te pones nerviosa, miras hacia otro lado, te llevas la mano al pelo. Tu mente se pregunta si te saludará, si te tomará en cuenta. Y todo esto en tres segundos, en lo que tarda en llegar hasta ti, mientras tu finges no haberle visto diez metros atrás. Estira su mano para acariciarte la mejilla, y finges sorprenderte ante su presencia. Aprovechas esa emoción de la sorpresa fingida para darle un gran abrazo, para refugiarte de nuevo, por fin, entre sus brazos. Él te devuelve el abrazo, con mucho amor, y os quedáis así. Durante un tiempo, el que haga falta. ¿Sabéis esos abrazos en los que, sin querer, no puedes evitar cerrar los ojos? Te deleitas en tocar de nuevo su piel, en sentirte arropada, cuidada, protegida. Te sientes observada, porque si algo vuela, son los rumores. Pero, ¿y qué? Pocos son los abrazos que te hacen sentir así, pocas son las personas que con el gesto más simple como es apret...

Uno más que se va.

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Hace un año, nunca me habría imaginado que sería como soy ahora, que estaría en la situación en la que estoy ahora. Y mucho menos, todo lo que he conseguido. Durante el 2012 he aprendido muchas cosas, he sabido diferenciar a las personas que estarán ahí de forma pasajera, las que demuestran poco, y por otro lado a las que estarán ahí hoy y siempre. He aprendido que la familia siempre te sacará una sonrisa, que nadie, salvo tu familia, debe ser indispensable e irreemplazable en nuestras vidas. He aprendido que no hay por qué necesitar a nadie que no te necesite a ti. Ni poner el bienestar de nadie, salvo que sea tu familia, por delante del tuyo mismo. He aprendido que, muy lejos de lo que mi mente inocente pensaba, el amor no es perfecto, y mucho menos fácil. Pero también he aprendido que, para mi desgracia o para mi fortuna, me encanta esa dificultad y esa imperfección que conlleva ese sentimiento. Este año muchas personas se han convertido en recuerdos, la mayoría en b...

A ti.

A la persona que está ahí. La que me habla cuando estoy mal, y cuando no. La que se preocupa. La persona que insiste en que le cuente qué ronda mi cabeza aunque yo diga un rutinario "estoy bien". A la persona que se alegra y me dice que hoy es un buen día, solo porque le he dicho que estoy bien de verdad. A la persona que me apoya incluso cuando no pido su ayuda, simplemente sabe que la necesito, y la da, sin pedir nada a cambio. A la persona que me lee tras una pantalla, aquí. La que intenta comprender qué pongo entre las líneas llenas de mis palabras confusas. Quieren decir tantas cosas, que acaban no diciendo nada. Al fin y al cabo, las palabras de una persona son prisioneras de la misma. Esa misma persona tiene la autoridad para que sus palabras salgan de ella o, en su defecto, se encierren en su interior. Ocultándole tantas, tantas cosas al mundo.. Seguramente los que leen mis palabras a través de esta página me conocen más profundamente que los que conviven conmigo d...